Cómo la espiritualidad humaniza la sociedad y la política

Mesa redonda: 12:30-14:00 h.

José Luis Marqués, un exsacerdote católico convertido a baha´i

José Luis Marqués, un exsacerdote católico representante de la comunidad baha´i de España

  1. El factor religioso en todos los pueblos

Desde la vida en tribus y más aún en los primeros asentamientos urbanos, los seres humanos se han ayudado mutuamente para proveerse de lo necesario y para defenderse. Esto ha evolucionado en diversas normas, costumbres y formas de organizarse. El ser humano es un animal cívico o político, un zóon politikón, como decía Aristóteles.

Desde siempre el homo sapiens se ha planteado preguntas: ¿por qué existo yo, por qué existe el mundo, qué leyes lo mueven, pervivo después de morir? Las creencias religiosas dieron unas respuestas: sentido de la trascendencia, explicaciones a través de mitos, leyes, ritos y chamanes, que explicaban o reforzaban sus formas de organizarse y sus normas morales. El ser humano es un ser religioso, homo religiosus, según filósofos e historiadores.

Cada religión es una cosmovisión que surgió en un lugar y una época. Han tenido diversas formas de evolucionar, como la medicina, la física, la química o la astronomía. Algunas religiones han tenido un papel importante en el desarrollo de las culturas respectivas. Se han mantenido en general separadas, pero también se han influido mutuamente o se han enfrentado.

Avanzando en la historia, las filosofías han buscado otras respuestas con el discurrir de la razón, ofreciéndose como más lógicas y realistas que los mitos antiguos o las enseñanzas de personajes a los que se consideraba inspirados por algo divino.

A la vez el hombre ha ido conociendo el medio en que se movía y cómo usarlo para la subsistencia. La necesidad y la curiosidad le han llevado al progreso del conocimiento: de sí mismo, de las técnicas, de la medicina, y en fin, de la ciencia.

  1. Elementos comunes a las religiones

Hay tres elementos comunes en las diversas tradiciones religiosas, aunque los expresen de formas diferentes según su contexto cultural:

  1. Fe en una realidad trascendente, se le llame Dios o no.
  2. Una doble naturaleza, física y espiritual, del ser humano; lo que le lleva a encontrar un sentido en el universo y a esperar alguna forma de pervivencia después de la muerte física.
  3. Todos los seres humanos son esencialmente iguales pues lo importante es su espíritu, no sus aspectos accidentales de etnia, clase o género. Por eso las religiones establen un principio igualitario y unas leyes sociales y morales, en especial la ley de oro de “no hagas a los demás lo que no quieras para ti”, norma universal expresada de formas parecidas. En principio, las religiones deben ayudar al bienestar de toda la humanidad, a la defensa de los derechos humanos, a la convivencia y la paz.
  1. Aportación de las religiones al avance de la sociedad
  • Han enseñado a encontrarse consigo mismo y con lo Transcendente a través de la oración y la meditación. Han ayudado a desarrollar la inteligencia espiritual de la que se está empezando a hablar recientemente.
  • Las religiones ofrecen unos textos sagrados, que han servido de guía y educación para millones de seres humanos, los cuales han modelado sus vidas según las enseñanzas de los grandes Educadores de la Humanidad. También han producido una extensa literatura de poesía, mística y enseñanzas morales.
  • Han regulado normas personales de superación, de alimentación y de higiene. Han enseñado valores, como la solidaridad, la justicia o el altruismo, que constituyen la base del progreso social; el deber comunitario de proteger a sus miembros o el interrumpir la semana laboral con una jornada de descanso.
  • Ninguna otra fuerza ha sido capaz de tantos ejemplos de heroísmo, abnegación y autodominio.
  • Según el historiador Arnold Toynbee, las religiones no son el resultado de un proceso civilizador, sino que son su causa.
  • Han sido una fuente inspiradora de música y multitud de obras plásticas, como arquitectura, escultura y pintura.
  • Han creado instituciones de servicio (benéficas y culturales), cuando no existían las actuales, y les han servido de modelo. Las organizaciones religiosas se encuentran hoy entre las organizaciones sociales más importantes de muchas sociedades, y se han mantenido e incluso han aumentado su tamaño y alcance.
  • A pesar de que los estudios sobre desarrollo no han tenido en cuenta a las religiones, está claro que han tenido fuertes influencias sociales, y han proporcionado identidades y lealtades más allá de las estructuras locales y nacionales. 
  1. Efectos negativos de las religiones
  • Los valores comunes de cohesión y de identidad ofrecidos por las religiones se han confundido a menudo con la cultura, con la identidad nacional y con la etnia. Esto ha llevado a exclusivismos y enfrentamientos, incluso a guerras devastadoras.
  • Sus dirigentes (en principio necesarios) han abusado muy a menudo de su poder, aliándose con los poderosos, y no han dado ejemplo de lo que enseñaban.
  • Por inercia y por defender lo propio, se han aferrado a todo lo que se consideraba sagrado (creencias, ritos, imágenes, estructuras, tradiciones) y no siempre se han adaptado a las nuevas circunstancias y necesidades humanas. En demasiadas ocasiones se han enfrentado al conocimiento científico y al progreso intelectual.
  • Los seguidores de algunas religiones se han desviado demasiado de la verdadera esencia llegando incluso a la violencia, la represión o el fanatismo.
  • En general, los mismos efectos negativos pueden verse en cualquier empresa humana: en la política, la filosofía y la ciencia. En toda empresa humana hay dogmáticos y fanáticos, y también gente que se vale de ella en su propio beneficio.
  • No se puede confundir la religión con la inquisición o el yihadismo, ni tampoco la política con el nacismo o los jemeres rojos. La historia está llena de ejemplos del mal uso de la religión o de la política.
  1. La religión en los últimos siglos

La religión, la filosofía, la ciencia y la política han estado muy imbricados unos en otros. Por norma general los poderes religiosos y los políticos se han apoyado mutuamente. Ha habido periodos en que la ciencia y la filosofía se han beneficiado de la influencia religiosa; por ejemplo en el mundo islámico, donde se fundaron las primeras universidades del mundo, se dio un enorme impulso a las ciencias y se recuperó la filosofía griega propiciando el Renacimiento europeo.

Desde esa época la filosofía, la ciencia y la política se han ido liberando en Europa del predominio del poder religioso, aunque siguiera habiendo hombres religiosos que eran grandes filósofos o científicos. Tras la Revolución Francesa y a lo largo del siglo xix se hizo más evidente esa separación entre saberes y creencias. En Europa surgieron filosofías ateas y movimientos sociales como alternativas opuestas al cristianismo tradicional.

Es en el mismo siglo xix, cuando algunos occidentales se sienten atraídos hacia diversas formas de religiosidad y de espiritualidad en Asia. Admiran la sabiduría de los monjes tibetanos y también del neohinduismo que planteaba una visión más universalista. De esos contactos surge la Sociedad Teosófica, las sociedades rosacruces y ya en el siglo xx muchos movimientos de la Nueva Era. También como resultado de ese interés por las religiones de oriente y para promover un conocimiento y respeto por todas las religiones, se organiza el Primer Parlamento de las Religiones, celebrado en Chicago en 1893, y que un siglo más tarde se ha vuelto a repetir en ciudades de diferentes países.

En el xix surgen nuevos movimientos dentro de las religiones tradicionales que pretenden renovarlas, algunos excluyendo a todos los demás. Otros procesos, ya avanzado el siglo xx, llevarán al diálogo y a la aceptación mutua que hoy conocemos.

  1. Una nueva forma de entender la religión

También a mediados del xix surge una religión aún bastante desconocida: la Fe bahá’í, que se presenta como una continuación y síntesis renovada de las antiguas religiones. Su precursor murió ajusticiado y miles de seguidores fueron torturados y masacrados en Persia, su país de origen. A Bahá’u’lláh, fundador de la Fe bahá’í, se le permitió salir de la mazmorra a la que había sido arrojado, pero pasó el resto de su vida desterrado y prisionero en Tierra Santa donde murió en 1892. Al año siguiente se habló de él en aquel parlamento de las religiones de Chicago. Hoy es una religión minoritaria (unos 6 o 7 millones) pero la más extendida geográficamente después del cristianismo.

Durante cuarenta años, Bahá’u’lláh escribió muchos libros y dirigió cartas a los principales dirigentes de su época, en las que les conminaba a gobernar con justicia y con la participación del pueblo, a reducir los gastos de armamentos, a congregarse en una reunión general para establecer la paz. En sus escritos expuso orientaciones sobre una forma más actual de entender la religión, basada en varios principios que sintetizo así:

  • Libertad de pensamiento:

Búsqueda independiente de la verdad.

Armonía entre la ciencia y la religión.

Superación de los prejuicios de raza, religión o clase social.

Educación para todos los niños y niñas por igual.

  • Conciencia de la unidad de la humanidad:

Sólo hay una raza humana.

Los hombres y las mujeres tienen los mismos derechos.

Defensa de la justicia como el instrumento más importante para la vida humana y la convivencia pacífica.

Búsqueda de nuevas formas de gobernanza con participación activa de todos en diversos niveles, usando una buena consulta y colaboración sin líderes unipersonales. Se tratará mejor en un taller de esta tarde.

Bahá’u’lláh lanzó el concepto de un Nuevo Orden Mundial, a veces manipulado y mal entendido. Un Nuevo Orden Mundial que ha de incluir:

-un parlamento mundial, un tribunal internacional de justicia, un idioma auxiliar común y un sistema colectivo de seguridad;

-nuevos sistemas de economía que superen las deficiencias del capitalismo y del comunismo;

-una federación de los pueblos de la tierra para que todos se beneficien de los recursos del planeta y se eliminen los extremos de riqueza y pobreza.

La meta de la humanidad es la paz estable y definitiva, pero Bahá’u’lláh afirmó claramente: La paz y el bienestar de la humanidad son inalcanzables a menos que su unidad sea firmemente establecida.

  • La religión como medio para la espiritualidad y la convivencia.

Espiritualidad basada en el conocimiento de uno mismo y en la relación personal con lo trascendente, como enseñan otras religiones.

De nuevo: Armonía entre la religión, la razón y la ciencia.

Superación de creencias supersticiosas y tradiciones caducas.

La religión, como todo lo humano, evoluciona. Todas las religiones son como capítulos de un mismo libro. Sus fundadores son los maestros de una misma asignatura en cursos que se han adaptado a las circunstancias de cada tiempo y lugar.

  • Nuevas formas de gobernanza

La comunidad bahá’í, en la que trabajan con unos mismos métodos y objetivos varios millones de personas procedentes de más 2.100 etnias diferentes, puede servir de ejemplo de una nueva forma de organizarse.

No hay líderes personales ni personas que se dediquen a la organización de forma profesional ni toda la vida. Algunos miembros pueden ser liberados y retribuidos durante el tiempo en que se precise su servicio.

Los responsables son elegidos cada año entre todos los miembros (mayores de 21 años) de una localidad o de un país; cada cinco años a nivel mundial.

Los elegidos, en votación secreta y sin candidaturas, forman consejos de nueve personas; se llaman asambleas locales o nacionales y Casa Universal de Justicia en el nivel internacional.

Dentro de estas instituciones, así como en otros comités y comisiones para tareas específicas, los miembros eligen un coordinador/a, secretario y tesorero. Quien coordina va dando la palabra a todos los miembros pero ninguno tiene un rango o autoridad superior a los demás. Fuera de la reunión son como cualquier otro miembro de la comunidad.

El método interno es de una consulta muy especial, en la que todos ofrecen sus ideas al tema planteado, que los demás pueden asumir o modular, hasta que se llega a conclusiones de consenso. Las opiniones se ofrecen sin obstinarse en ellas como propias, así la consulta se enriquece con nuevos enfoques y soluciones. En caso de diferencias de opinión se vota y prevalece la decisión de la mayoría que todos asumen a una y promueven su puesta en práctica.   

  1. Nueva conciencia de la política y la religión

El siglo xx con dos guerras mundiales y otras grandes crisis fue demostrando que la utopía bahá’í y los anhelos de otros pensadores podían llevarse a la práctica. Han surgido las Naciones Unidas, que necesitan reformarse, y la Declaración Universal de los derechos Humanos. Ya a principios del siglo xxi se ha constituido el Tribunal Penal Internacional. Han proliferado las cumbres y conferencias mundiales en las que se busca, no sin dificultades, soluciones comunes para que la globalización, inevitable, sea más positiva que negativa.

Hay una mayor conciencia de que somos ciudadanos de la Tierra y tenemos medios de comunicación antes inimaginables para compartir inquietudes colectivas muy valiosas. En el fondo de estos avances, lo más positivo es que la humanidad ha ido asumiendo convencimientos a los que no podremos renunciar aunque muchos se opongan:

Ningún ser humano puede ser esclavo de otro.

Ningún país ni ninguna raza es superior.

Las mujeres no son inferiores a los hombres.

Ninguna religión es superior ni exclusiva. 

  1. Hacia una ética mundial

Se tardó todo un siglo en celebrarse el II Parlamento Mundial de las Religiones, de nuevo en Chicago en 1993, que concluyó con una Declaración de ética Mundial, [1] promovida por la fundación que preside el teólogo católico Hans Küng. Los bahá’ís nos identificamos plenamente con sus afirmaciones, que estaban latentes en la esencia de todas las religiones y que ahora se han expresado así:

Somos hombres y mujeres que profesamos los preceptos y prácticas de las diversas religiones del mundo. Queremos dar fe de que ya existe un consenso entre esas religiones que puede constituir el fundamento de una ética mundial. Se trata de un consenso básico mínimo relativo a valores vinculantes, criterios inalterables y actitudes morales fundamentales.

  1. No es posible un nuevo orden mundial sin una ética mundial

Nosotros, hombres y mujeres de diferentes religiones y regiones del Planeta, nos dirigimos a todos los hombres, religiosos y no religiosos, con el propósito de manifestarles que estamos convencidos de que:

  • Todos somos responsables en la búsqueda de un orden mundial mejor;
  • que resulta imprescindible un compromiso con los derechos humanos, con la libertad, la justicia, la paz y la conservación de la Tierra;
  • que nuestras distintas tradiciones religiosas y culturales no deben ser obstáculos que nos impidan trabajar juntos, activamente, contra cualesquiera formas de deshumanización y a favor de una mayor humanización;
  • que los principios expuestos en esta Declaración pueden ser compartidos por todo ser humano animado de convicciones éticas, estén o no fundamentadas religiosamente;
  • que nosotros, en tanto que seres humanos orientados espiritual y religiosamente, que fundamentan su vivir en una realidad última y de ella obtienen en actitud confiada, mediante la oración o la meditación, a través de la palabra o del silencio, su fuerza espiritual y su esperanza, nos sentimos en la especialísima obligación de procurar el bien de la Humanidad entera y de cuidar el planeta Tierra. No nos consideramos mejores que los demás, pero tenemos fe en que la secular sabiduría de nuestras religiones será́ capaz de abrir nuevos horizontes de cara al futuro.

[1]                      http://www.weltethos.org/1-pdf/10-stiftung/declaration/declaration_spanish.pdf

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